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Penicilina y sulfas: fármacos que intoxican a miles de mexicanos

publicado a la‎(s)‎ 2 jun. 2009 7:33 por Veronica Ferreyro   [ actualizado el 4 jun. 2009 7:44 ]
Los tres principales grupos de medicamentos por los cuales se intoxican los mexicanos son los derivados de la aspirina, que incluye a los antiinflamatorios no esteroideos, la penicilina y las sulfas, ambos antibióticos, explicó a Crónica Martín Becerril.

El jefe del Servicio de Alergias e Inmunología Clínica del Hospital de Especialidades del Centro Médico Nacional “La Raza” señaló que los fármacos pueden causar una respuesta tóxica aún con dosis pequeñas, aunque es más frecuente cuando se combinan varios.

Algunas reacciones alérgicas a medicamentos son inmediatas y se hacen evidentes desde los primeros segundos o minutos de su ingesta con la aparición de ronchas, inflamación de partes del cuerpo, labios y ojos, baja presión arterial, dificultad respiratoria o pérdida de la conciencia, abundó.“Hay casos en los que son tan severas que comprometen a varios órganos y sistemas con un gran riesgo de muerte (conocida como una reacción anafiláctica). Otra respuesta tóxica consiste en la destrucción de algunos tipos de células como las de los glóbulos rojos que también afectan a las plaquetas, por lo que la persona se pone de color púrpura”.

Reacciones.
Entre las consecuencias, detalló el alergólogo, se pueden presentar reacciones nocivas y potencialmente mortales que se llegan a manifestar varios días o semanas después de que se han consumido los fármacos, sobre todo ocurre con las sulfas y los anticonvulsivos, como por ejemplo, el síndrome de Stevens-Johnson, cuyo daño se instala gradualmente en los órganos y produce una afección generalizada de piel y membranas mucosas. En este caso en particular, dijo, llegan a fallecer hasta el quince por ciento de los pacientes.

Martín Becerril. explicó que la reacción alérgica medicamentosa se presenta en la mayoría de los casos en adultos jóvenes y de mediana edad, y es más frecuente en mujeres.

También se le ha asociado a un factor genético y a pacientes con enfermedades concurrentes y su tratamiento; desnutrición, hipoalbuminemia, insuficiencia renal y hepática, infecciones, inmunodeficiencias (Sida, diez veces más riesgo de erupción cutánea y fiebre), y asma (debido a que favorece reacciones severas), entre otras.

Ante cualquier respuesta no esperada a los fármacos, señaló el alergólogo, “debe acudir al médico con el fin de establecer un diagnóstico de hipersensibilidad medicamentosa”. Para ello, es necesario integrar una historia clínica detallada, y en algunos casos se necesitarán pruebas cutáneas, que consisten en suministrar un extracto del fármaco para corroborar si produce una reacción alérgica en algunos casos.

Otros pacientes deberán hacerse análisis de laboratorio para poner células sanguíneas in Vitro en contacto con el medicamento dañino para ver si secretan algunas sustancias como cuando hay una alergia.

Si ya se sabe que se es alérgico a ciertos medicamentos, como un diabético a la insulina, lo mejor es que porte una pulsera o una medalla con la leyenda en la que se indique esta situación a fin de que si llega a un hospital en estado inconsciente, los médicos sepan qué hacer o cómo atenderlo.

Es muy importante que evite automedicarse porque en cualquier momento pueden desencadenarse alergias como una reacción excesiva ante el medicamento, y en lugar de prevenir o curar la enfermedad por la que se ingirió, puede generar hipersensibilidad leve que se manifieste con dolor de cabeza o estómago, lesiones y manchas en la piel e incluso una crisis severa que lo puede llevar a la muerte de no atenderse oportunamente, concluyó. Nuestro país está entre los que hacen peor uso

México se encuentra entre los cinco países que hacen peor uso de los antibióticos junto con otras naciones de América Latina entre ellas Chile, esto provoca altos niveles de resistencia bacteriana entre la población explicó a Crónica Gustavo Acosta Altamirano, infectólogo, presidente de la Sociedad de Cirugía del Hospital Juárez de México de la Secretaria de Salud (SSA).

Con la aparición de la penicilina en el siglo pasado, surgió el problema de la resistencia bacteriana debido a su uso indiscriminado, “a los pacientes se les aplicaba casi sin un control estricto causando una disminución del efecto”, dijo el infectólogo. Sin olvidar que el 90 por ciento de los mexicanos recurre a la medicación por cuenta propia”.

Muchas veces, explicó el médico, “hemos escuchado a algunas madres decir que la medicina ya no le funciona al bebé, o al niño por lo que le recetan otro fármaco más fuerte”, ese es un ejemplo claro de resistencia bacteriana, la cual además de postergar la cura y complicar algunas enfermedades, incide sobre el presupuesto familiar por el costo de los fármacos de nueva generación.

La automedicación, el abandono de los tratamientos, la facilidad con la que las personas pueden acceder a este tipo de medicamentos han hecho que la población mexicana tenga cada vez bacterias más resistentes, que alargan la enfermedad y pueden generar otros daños a la salud.

Muchas veces la gente empieza a tener síntomas de gripa, el cuerpo cortado y la sensación de fiebre y luego, luego se toma un antibiótico para no enfermarse, pero la gripa no se cura con ese tipo de medicamentos lo único que hace es que las bacterias que tiene el cuerpo se fortalezcan y aprendan a defenderse de esos fármacos”, dijo Acosta Altamirano.

El infectológo señaló que “un porcentaje importante de los padecimientos respiratorios se deben a la infección por un virus, en ese caso los antibióticos no afectan a esos organismos, esa es una de las cosas que contribuyen al mal, además que la gente puede ir a la farmacia y comparar fácilmente un medicamento de este tipo, ya sean de patente, genéricos o similares, y estos automedicados no van con una dosis correcta”.

De acuerdo con el especialista, otra de las causas para que se presente esta afectación es que los mexicanos “somos muy dados a abandonar los tratamientos en cuanto nos sentimos mejor”.

El 40% de los medicamentos se venden sin receta
Cifras de la Secretaría de Salud revelan que un 90 por ciento de los mexicanos recurre a la automedicación; desafortunadamente un 40 por ciento de los medicamentos que requieren receta médica se venden sin esta.

Un artículo publicado en la edición de agosto de la revista Red Sanitaria, destaca que las personas que adquieren los fármacos de esta forma se exponen a sufrir efectos secundarios como alergias o alteraciones sistémicas que incluso ponen en riesgo la vida.

Alberto Lifshitz Ginzberg, director general de Coordinación y Desarrollo Institucional de la Coordinación General de los Institutos Nacionales de Salud (INSalud), aclaró que se debe distinguir la autoprescripción de la automedicación, ya que la primera se refiere al consumo de medicamentos que requieren receta médica y la segunda a los que no necesitan ser prescritos por un médico, debido a que se utilizan para aliviar padecimientos comunes como agruras, dolor de cabeza o catarro.

Lifshitz Ginzberg detalló que los medicamentos de venta sin receta están indicados en la prevención, alivio o curación de problemas y síntomas comunes de salud, es decir aquellos que aquejan de manera más o menos frecuente, que no ponen en peligro la integridad y pueden ser identificados fácilmente por el usuario o consumidor.

Sin embargo, precisó, la automedicación tiene desventajas relacionadas con la falta de lectura y atención a las instrucciones que aparecen en las etiquetas de los medicamentos de venta sin receta. De no seguirse las indicaciones, pueden ocasionar diversos efectos secundarios y duplicarse la ingesta de sustancias activas con los riesgos que esto implica.

Agregó que la automedicación también puede retrasar la atención médica, aumentar la frecuencia y severidad de ciertas reacciones adversas o efectos secundarios, propiciar mayor resistencia bacteriana, enmascarar enfermedades o síntomas que requieren atención inmediata.
Por ello, el funcionario de los INSalud, hizo hincapié en que es imprescindible tener en cuenta todas las instrucciones que aparecen en las etiquetas de los medicamentos de venta sin receta, particularmente aquellas relacionadas con la dosis y el tiempo máximo de tratamiento y la que establece: “si las molestias persisten es necesario consultar a un médico”.


Fuente: El Siglo de Torreón (26 de mar, 2007)
             La Cronica de Hoy (Martes 6 de Febrero, 2007)


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